A Miren Azkarate (Mikel Quintela Alvarez)

Desde la responsabilidad que ejerces en la portavocía del Ejecutivo de Gasteiz, y después de leer detenidamente las declaraciones realizadas esta semana, no tengo por menos que dirigirme a ti, sin interés de discutir públicamente y poniéndome a tu disposición para que, si lo crees necesario, paseemos por Portugalete y preguntemos a los jarrilleros qué imagen se les ha quedado de lo acontecido el pasado sábado. Voy a narrarte lo que yo viví.

Soy amigo de Baru, ambos hijos de emigrantes que en nuestra adolescencia nos dimos de bruces con la represión y nos empezó a picar el gusanillo y, después de un recorrido juvenil, llegamos a una conclusión y no era otra que queríamos, como otros muchos, una Euskal Herria independiente, socialista y euskaldun (los que nos conocen saben que en esto último dejamos mucho que desear).

Me voy a saltar todo lo ocurrido desde que el viernes la familia, los abogados y amigos fuimos a Aranjuez a traer a «casa» a Baru, a quien la Ertzaintza arrebató una madrugada de Portugalete y al que ese Estado tan democrático que llaman España, después de dos años y pico, seguía manteniendo preso preventivo, separado con premeditación de su compi Ana, y apretándole hasta asfixiarle. Porque ­igual es lo que yo he vivido­ le han asfixiado, ¿no?

El sábado a la tarde, más o menos en la provincia de Burgos ya contamos con la presencia de agentes de paisano y hasta pudimos «compartir» en Pancorbo con dos de ellos un vino ellos y nosotros un agua, porque en estas circunstancias la boca se seca demasiado. El teléfono no dejaba de sonar y se oían pelotazos en Santurtzi y en Portu. «Golo, me decían, esto no lo has visto en la vida, el parque precintado y no dejan entrar a nadie ni en Portu ni en Santurtzi…», «Han entrado al cementerio y se han llevado la megafonía y las flores», «está todo prohibido». Los coches en los que viajábamos eran cómodos pero parecían latas de conserva; todas las noticias que nos llegaban eran de represión. «Han dicho que no se puede hacer nada, prohibido todo tipo de acto». Nadie se había dirigido a la familia ni a los amigos para decirnos que se podía realizar algún tipo de acto.

Llegamos al peaje de Laudio, se acercan dos agentes uniformados y nos dicen que nos «escoltan» y que diez coches podrán pasar el cordón y entrar al tanatorio. Primer contacto y primera pregunta que nos hacemos: diez coches, ¿en qué se basarán para tomar esa decisión? ¿Conocerán cuánta familia y amigos tiene Baru o es que diez es un número bonito?

Llegamos a Portu y un agente de paisano ­y, por supuesto, todos los agentes siempre encapuchados­ nos dice que vayamos derechos al tanatorio. «No, perdona, a Baru le queremos llevar a hombros hasta el tanatorio y que las miles de personas que han venido le den su último adiós». Recibimos tensión, empujones, malas contestaciones, para que, des- pués y a regañadientes, Baru, con su familia, Rafa y Arnaldo, y dentro del coche, «escuche» el “Eusko gudariak” y un «gora Baru». Siguen todo tipo de vejaciones por parte de los agentes. Y nosotros sólo queremos, sólo pedimos y al final exigimos que, pase lo que pase, Baru va a hombros.

No pasa nada más, en principio, pero deciden que sólo pase parte de la familia y de los amigos. Otros, suplicando a los agentes y con lágrimas en los ojos, sollozando, «por favor, no nos quedan fuerzas, dejarnos pasar. ¿No veis que estamos dentro del cordón policial, que somos allegados? Más vejaciones, humillaciones, risitas…

Llevamos a Baru como se merecía, a hombros, al tanatorio. Allí estaban más amigos, sus hermanos y su ama y, después de dejarle, nos dimos cuenta de que faltaban allegados. Su hermano y yo les fuimos a buscar «…Se acabó, no pasa nadie más…». Después de unos muy tensos minutos nos tuvimos que retirar, no sin antes sufrir vejaciones, y, por supuesto, sin allegados.

Llevaba Baru una media hora en el tanatorio cuando nos toca otra tanda de mofas y vejaciones. Los agentes se colocan en la puerta y dicen que tienen orden que no entre nadie «…perdona, estamos dentro del cordón, venimos desde Aranjuez. ¿Quién ha dicho que nadie más…?». Fuera habíamos quedado abogados, mahaikides, su peña del sindi y amigos. Un agente nos dijo que llamáramos a Balza, que estaba tomando un café, que para qué queríamos entrar más gente a esta feria, y más lindezas. Por supuesto, si alguien se mueve, palo.

Llega la familia de Ana y se encuentra con la pared de agentes y le digo a su ama que no nos dejan entrar, que no sabemos lo que ha pasado. La familia de Ana aún no había estado con Baru. Me dirijo a un agente y le digo: «Por favor, pensar un poco, dejadnos llorar delante de Baru; no puede haber órdenes que os obli- guen a que lloremos delante vuestro».

Después de 5 minutos se abre el cordón y algunos agentes se ponen a mear a 3 metros del tanatorio; menudo apretón, se les recriminó y contestaron con insultos. Y, ya entrada la noche, se fueron, hasta el lunes a la mañana. Nadie se ha dirigido aún ni a familiares ni a amigos para nada.

Igual, no fue esto lo que pasó, pero esto es lo que yo he vivido. Nadie se ha dirigido a la familia ni a los amigos para decirles (sic): «Se les comunicó a familiares y amigos que podrían hacer los actos que quisiesen». Además, como si para llorar tuviéramos que tener permiso.

Para finalizar, y relativo a (sic): «Las imágenes que hemos visto el fin de semana no dejan lugar a dudas de que sí se ha podido reunir y despedir…». Son muchas las jarrilleras y jarrilleros que se han dirigido a nosotros para decirnos que no entienden la actuación de los agentes el sábado, que cómo el Ejecutivo e Interior habían hecho eso… personas de todo tipo de ideología. Esa es la imagen que se ha quedado en nuestro pueblo, ésa es la prueba del algodón.

Quienes conocían a Baru y a sus allegados ya saben que no había motivo para no dejarle recibir un emotivo adiós, porque en Portu, al fin y al cabo, los jarrilleros nos conocemos todos, a Baru también, y algunos le queremos y otros le respetan.

Un abrazo, Miren (permíteme que te tutee). Si quieres contrastar lo que yo he vivido y que igual no ha pasado, de verdad, paseemos por Portu y contrastémoslo. Porque, como bien dices tú, este país lo tenemos que construir entre todos.

Esto es solo para ti, Baru. La próxima vez que te vea no te sorprendas, ya no se la tendremos que jugar y no será para 40 minutos. Pero para vernos esta vez, lo siento, espero que pase mucho tiempo, aquí queda mucho por hacer. Un abrazo.

PD: me había prometido a mí mismo que no iba a escribir nada, Baru, pero no podía callarme ante, como poco, algo que está faltando a la realidad. Ni a la familia ni a amigos nadie nos ha dicho nada, esto es lo que yo he vivido, que igual no ha pasado. –

http://gara.euskalherria.com/idatzia/20060310/art154955.php

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